NO MIRES ATRAS
Bienvenido al foro "NO MIRES ATRAS" te invitamos a que te "registres" para poder participar de los temas del foro , cualquier duda que tengas de como manejar el foro puedes escribir a alfred85@hotmail.com , o enviar mp al usuario charlye43, alfred85 ....estamos para ayudarlos , Bienvenidos y sean muy bendecidos en este portal.!

DIOS TE BENDIGA !!!



ANUNCIOS DE ADMIN
Estamos trabajando para recuperar link caidos, pedimos por favor que lo que se postee se haga en el panel adecuado, si postea una predicacion.. en en panel de predicaciones asin mantenemos un foro mejor ordenado Muchas graxias Bendiciones!
Últimos temas
¿Quieres ser moderador?
La Biblia
beruby.com - Empieza el día ahorrando

Comentario a Salmos 74

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Comentario a Salmos 74

Mensaje por ELISABETH el Mar Abr 12 2011, 18:42

Salmos 74 -Apelación a Dios en contra del enemigo

1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?
¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?

2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos,
La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia;
Este monte de Sion, donde has habitado.

3 Dirige tus pasos a los asolamientos eternos,
A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.

4 Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas;
Han puesto sus divisas por señales.

5 Se parecen a los que levantan
El hacha en medio de tupido bosque.

6 Y ahora con hachas y martillos
Han quebrado todas sus entalladuras.

7 Han puesto a fuego tu santuario,
Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra.

8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez;
Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.

9 No vemos ya nuestras señales;
No hay más profeta,
Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?
¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?

11 ¿Por qué retraes tu mano?
¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?

12 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.

13 Dividiste el mar con tu poder;(A)
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.

14 Magullaste las cabezas del leviatán,(B)
Y lo diste por comida a los moradores del desierto.

15 Abriste la fuente y el río;
Secaste ríos impetuosos.

16 Tuyo es el día, tuya también es la noche;
Tú estableciste la luna y el sol.

17 Tú fijaste todos los términos de la tierra;
El verano y el invierno tú los formaste.

18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová,
Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.

19 No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,
Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.

20 Mira al pacto,
Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia.

21 No vuelva avergonzado el abatido;
El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.

22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa;
Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.

23 No olvides las voces de tus enemigos;
El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.

____________________________________________________
Comentario a Salmos 74
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.

Este salmo se compuso con ocasión del asolamiento de Jerusalén y de la destrucción del templo. Su lenguaje se parece mucho al de las Lamentaciones de Jeremías. La mención de Asaf ha quedado explicada en el comentario al título del salmo 73. Aquí el salmista:
I. Apela en sus quejas a las calamidades que el pueblo sufre, a fin de reavivar los deseos de ellos en oración (vv. 1-11).
II. Recuerda lo que Dios ha hecho en otros tiempos en favor de su pueblo para estimular la fe de ellos en la oración (vv. 12-17).
III. Concluye con diversas peticiones a Dios para que les dé liberación (vv. 18-23).

Versículos 1-11

1. El desagrado de Dios hacia su pueblo fue la causa amarga de todas sus calamidades. Por eso apelan a Dios diciendo (v. I): «¿Porqué, oh Dios, nos has desechado para siempre?.» Hablan el lenguaje de la melancolía y de la depresión. El pueblo de Dios no debe pensar que, por hallarse abatidos, están desechados, ni de que porque los hombres los pisotean, Dios los rechaza. Esta apelación muestra que lo que más sentían y temían era que Dios los desechara. Dicen (v. Ib): «¿Porqué se ha encendido tu furor (v. Lam. 2:3yss.), es decir, por qué es tan visible tu furor al echar humo (lit.), de tal forma que todos nuestros vecinos lo notan?.» Apelan a la relación íntima que tienen con Él: « Somos las ovejas de tus pastos. Que los lobos molesten a las ovejas no es de extrañar, pero ¿hubo jamás algún pastor tan enfadado con sus ovejas? Acuérdate de tu congregación (v. 2), de nosotros, que somos el pueblo que tú escogiste para dar ante el mundo testimonio de tu gloria y ser la tribu, esto es, la nación de tu herencia (comp. con Dt. 32:7 y ss.; Jer. 10:16), de la que has recibido culto de adoración como de ninguna otra nación del mundo. Recuerda también este monte de Sión, donde has habitado, que ha sido residencia y mansión escogida por ti y en la que has tenido tus complacencias. Somos tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste (Ex. 15:13,16) con muchos portentos cuando se formó primeramente al salir de Egipto, y tú la redimiste de la esclavitud. ¿Vas, Señor, a abandonar ahora a un pueblo que compraste a tal precio

Este salmo se compuso con ocasión del asolamiento de Jerusalén y de la destrucción del templo. Su lenguaje se parece mucho al de las Lamentaciones de Jeremías. La mención de Asaf ha quedado explicada en el comentario al título del salmo 73. Aquí el salmista: I. Apela en sus quejas a las calamidades que el pueblo sufre, a fin de reavivar los deseos de ellos en oración (vv. 1-11). II. Recuerda lo que Dios ha hecho en otros tiempos en favor de su pueblo para estimular la fe de ellos en la oración (vv. 12-17). III. Concluye con diversas peticiones a Dios para que les dé liberación (vv. 18-23).

Versículos 1-11

1. El desagrado de Dios hacia su pueblo fue la causa amarga de todas sus calamidades. Por eso apelan a Dios diciendo (v.1): «¿Porqué, oh Dios, nos has desechado para siempre?.» Hablan el lenguaje de la melancolía y de la depresión. El pueblo de Dios no debe pensar que, por hallarse abatidos, están desechados, ni de que porque los hombres los pisotean, Dios los rechaza. Esta apelación muestra que lo que más sentían y temían era que Dios los desechara. Dicen (v. 1b): «¿Porqué se ha encendido tu furor (v. Lam. 2:3 y ss.), es decir, por qué es tan visible tu furor al echar humo (lit.), de tal forma que todos nuestros vecinos lo notan?.» Apelan a la relación íntima que tienen con Él: « Somos las ovejas de tus pastos. Que los lobos molesten a las ovejas no es de extrañar, pero ¿hubo jamás algún pastor tan enfadado con sus ovejas? Acuérdate de tu congregación (v. 2), de nosotros, que somos el pueblo que tú escogiste para dar ante el mundo testimonio de tu gloria y ser la tribu, esto es, la nación de tu herencia (comp. con Dt. 32:7 y ss.; Jer. 10:16), de la que has recibido culto de adoración como de ninguna otra nación del mundo. Recuerda también este monte de Sión, donde has habitado, que ha sido residencia y mansión escogida por ti y en la que has tenido tus complacencias. Somos tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste (Ex. 15:13,16) con muchos portentos cuando se formó primeramente al salir de Egipto, y tú la redimiste de la esclavitud. ¿Vas, Señor, a abandonar ahora a un pueblo que compraste a tal precio y te resultó tan querido?.» Mucho mayor es el motivo que tenemos nosotros de esperar que Dios no ha de desechar a los que compró con la sangre de su Hijo (Hch. 20:28). «Levanta (lit.) tus pasos, esto es, apresúrate a venir para reparar las desolaciones...que el enemigo ha hecho en el santuario (v. 3), en tu santuario; porque, si tú no las reparas, serán perpetuas e irreparables.»

2. Se quejan de los ultrajes y de la crueldad de sus enemigos, pero sólo por lo que han hecho con el santuario y las sinagogas, es decir, los lugares de reunión que tenían además del templo. El templo era la morada del nombre de Dios y, por eso, el santuario (v. 7) o lugar santo. En él habían cometido los enemigos muchas y grandes impiedades (v. 3), pues lo habían destruido con absoluto desprecio de Dios y aun afrentándole adrede. «Tus enemigos vociferan en medio de las asambleas» (v. 4), donde asistían los fieles israelitas con humilde y reverente silencio. «Han puesto sus banderas bien visibles», en el templo mismo, de forma que se ven desde todos los lugares. Esta osadía con que los enemigos desafiaban a Yahweh les llegaba a los israelitas a lo más hondo. «Pues con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras» (vv. 5,6), con el mismo desdén con que los leñadores cortan leña en el bosque. Más aún, «Han prendido fuego a tu santuario...echándolo a tierra» (v. 7. Comp. 2 Cr.36:19). Más tarde, los romanos no dejaron piedra sobre piedra (Mt. 24:2), y Sión, el monte santo, fue arado como campo por orden de Tito el hijo del emperador Vespasiano. Se queja también el salmista de la desolación de las sinagogas. El propósito del enemigo era la destrucción completa y definitiva de todo (v. Cool.

3. Todas estas calamidades quedaban muy agravadas por el hecho de que no se veía ninguna perspectiva de alivio ni podían predecir cómo ni cuándo acabarían las desolaciones: «Ellos han puesto sus banderas bien visibles (v. 4), pero nosotros no vemos ya nuestras enseñas (v. 9); ni nuestras banderas ni nuestras señales (lit.), esto es, los indicios de vida religiosa, cúltica, comunitaria (v. Lam. 2:6). No existen ya profetas para decirnos cuánto tiempo durará todo esto y para animarnos en nuestro desconsuelo. No es que falten hombres que ejercen el oficio de profetas, sino que tampoco reciben ya visión de Yahweh (Lam. 2:9. Comp. Ez. 7:26). ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?» (v. 10). Esto es lo que más les duele, más aún que la afrenta que reciben del angustiador. «¿Porqué retraes tu mano, en lugar de extenderla para librar a tu pueblo y destruir a tus enemigos?»

Versículos 12-17

Dos cosas sirven para sosegar la mente de los que aquí se lamentan por aquella situación de ruina y desolación:

1. Que Dios es el Dios de Israel, el Dios que ha pactado con su pueblo (v. 12): «Pero Dios es mi Rey desde tiempo antiguo.» Esto viene aquí como una apelación en su oración a Dios, y como un estímulo para su fe y su esperanza, a fin de animarles en su expectación de liberación, considerando los días del tiempo antiguo (comp. 77:5). Se mencionan aquí varias cosas que Dios había hecho a favor de su pueblo como su rey desde tiempo antiguo, las que les animaban a encomendarse a Él y depender de Él.

(A) Que había dividido las aguas del mar delante de ellos cuando salieron de Egipto, no por la fuerza de Moisés o de su vara, sino con su fuerza divina; y que el que había llevado a cabo eso, podía hacer cualquier cosa.

(B) Que había destruido al Faraón y a su ejército. Faraón era como el Leviatán; los egipcios eran como monstruos marinos fieros y crueles. Dios los aplastó, a pesar del poder y los resortes de que disponían, y los ahogó a todos ellos en el mar Rojo. Esto era tipo de la victoria de Cristo sobre Satanás y su reino, conforme a la primera promesa de que la descendencia de la mujer había de aplastar la cabeza de la serpiente. Esta providencia era para ellos como pábulo de su fe y de su esperanza, a fin de animarles en las otras dificultades que les habían de salir al encuentro en el desierto.

(C) Dios había alterado de dos maneras el curso de la naturaleza, tanto sacando corrientes de agua de la roca como convirtiendo en roca las corrientes (v. 15). Había desleído en agua la roca: Abriste la fuente y el torrente de una roca, de una bien sólida y dura roca. Que no se olvide jamás esto, pero recordemos especialmente que la roca era Cristo, y que las aguas que salen de Él son bebida espiritual (v. Jn.4:10 y ss.;

1 Co. 10:4). También había congelado, en cierto modo, las aguas secando ríos impetuosos; es a saber, el Jordán, precisamente cuando se desbordaba por sus orillas. El que había hecho tales cosas podía también ahora librar a su pueblo oprimido.

2. Que el Dios de Israel es el Dios de la naturaleza (vv. 16, 17). Él es quien ordena la sucesión regular de las estaciones, así como del día y de la noche. Es el Soberano tanto del espacio como del tiempo. Él es quien abre los párpados de la aurora, y quien descorre las cortinas tras el ocaso: «Tú estableciste la luz.y el sol » (lit.). El vocablo hebreo maor = luminaria, puede designar la luna (Gn. 1:16) o, en sentido colectivo —según Cohén—: «las luminarias, en particular el sol». Y añade (v. 17):

«Tú trazaste todos los confines de la tierra (esto es, los ríos y las montañas que, con mucha frecuencia, se han convertido en fronteras de las naciones) y los diferentes climas, el verano y el invierno, lo cual incluye las zonas frías y las tórridas o, más bien, las diferentes estaciones del año.» El que tuvo tal poder para fijar, y después preservar, el curso de la naturaleza mediante el movimiento diurno y anual de los cuerpos celestes, de seguro tiene también el poder de salvar, tanto como de destruir. El que es fiel a su pacto con el día y con la noche, de cierto cumplirá a su pueblo las promesas hechas. Su pacto con Abraham y su posteridad es tan firme como el pacto con Noé y sus hijos (Gn. 8:21).

Versículos 18-23

Aquí el salmista, en nombre de toda la congregación, pide a Dios con la mayor urgencia que se manifieste a favor de ellos en contra de sus enemigos y ponga fin a la presente miserable situación ¡Levántate, oh Dios, defiende tu causa! (v. 22).

1. Los perseguidores de Israel son los enemigos jurados de Dios:

«Señor, no sólo nos han afrentado a nosotros, sino que, directa y osadamente, han afrentado y blasfemado tu nombre» (v. 18). El salmista insiste mucho en esto: «Nosotros no nos atrevemos a contestar a las afrentas de ellos; contéstales tú. Señor. Recuerda que es un pueblo insensato el que ha blasfemado tu nombre (vv. 18, 22b) y lo hace cada día.» Los que afrentan e injurian a Dios son insensatos, como es el que dice: «No hay Dios» (14:1; 53:1). A veces, son tenidos por genios de su tiempo los que niegan a Dios y ridiculizan la religión y las cosas santas; pero, en realidad, son los mayores insensatos. No esconden en su pecho sus pensamientos blasfemos, sino que los anuncian a los cuatro vientos: «No olvides las voces de tus enemigos» (v. 23). No es menester hacerle a Dios a la memoria lo que tiene que hacer, pero necesitamos hacerlo para mostrar nuestra preocupación por su honor y nuestra fe en que ha de vindicar nuestra causa.

2. Los perseguidos son el pueblo de su pacto. Han caído en las garras de las fieras (v. 19). «Los rincones de la tierra están llenos de moradas de violencia» (v. 20b). Por «rincones», dice literalmente el texto «lugares oscuros», porque en ellos iban los israelitas a refugiarse de la persecución del invasor. Todo es violencia donde no hay temor de Dios, pues el que no teme a Dios carece de verdadera humanidad. El salmista apela a Dios: «Es tu tórtola la que va a ser devorada por las fieras, como un ave inocente e indefensa que es acometida por aves de rapiña» (v. 19). La Iglesia debe ser como una tórtola por su inocencia y mansedumbre, por su duelo en el día de la aflicción y por su fidelidad y la constancia de su amor. El salmista parece decir: «Señor, te va el honor en socorrer a los débiles; en especial, a tus hijos ¿no cumplirás ahora las promesas que les hiciste bajo pacto? Manifiéstate, Señor, a favor de los que alaban tu nombre y en contra de los que blasfeman de Él.»


Dios los bendiga.ELisabeth

_________________

ELISABETH
Admin General
Admin General

Cantidad de envíos: 3676
Fecha de inscripción: 01/12/2010
Edad: 46

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.