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Biblia y Revelación:1. Un libro antiguo

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Biblia y Revelación:1. Un libro antiguo

Mensaje por charlye43 el Lun Ene 09 2012, 21:39



El título del primer capítulo de la Confesión de Fe de Westminster es "De las Sagradas Escrituras". En el principio mismo de este documento básico para la Iglesia de Escocia se establece que los libros de la Biblia "fueron dados por
inspiración de Dios como nuestra regla de fe y práctica". Sigue explicando la confesión que la autoridad de las Escrituras "depende totalmente de Dios" y son, por tanto, "la palabra de Dios". Agrega más adelante que "en las Escrituras se expresa todo el consejo de Dios sobre todo lo que es necesario para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y su práctica, o bien, puede deducirse de ellas por buena y necesaria consecuencia, y a las cuales nada debe agregarse en ningún tiempo aunque sean nuevas revelaciones del Espíritu o simples tradiciones humanas", y que las Escrituras constituyen la última corte de apelaciones en toda controversia religiosa.

Un libro antiguo - Por William Barclay

Tal es la posición que se da a la Biblia. Desde el primer momento ésta destaca con una posición extraordinaria. La Biblia comenzó a escribirse hace unos tres mil años y su parte más reciente se escribió hace unos mil ochocientos años, no obstante lo cual, la Iglesia la reconoce como su autoridad definitiva e inapelable.

En cierto sentido, tal posición de la Biblia es única. Es verdad que existen todavía libros muy antiguos, pero ninguno de ellos es visto como autoridad definitiva e inapelable. Nuestros médicos ya no nos aplican tratamientos según Galeno o Hipócrates; los arquitectos han dejado de lado las
directrices de Vitrubio: los agricultores han olvidado los dictámenes de Varrón: y los astrónomos ya no se guían por los estudios de Ptolomeo. Estas obras siguen aún leyéndose, mas como etapas, no como la meta del camino; son interesantes, y se leen como curiosidades, pero no como
autoridades. Sin embargo, aunque la Biblia tiene libros más antiguos que cualquiera de tales obras, para el cristiano sigue siendo la regla suprema de fe y práctica.

En otro sentido, existen ciertos paralelos. Mientras haya quien lea poesía, habrá quien lea a Homero; mientras haya quien estudie filosofía, habrá quien estudie a Platón y Aristóteles; mientras haya quien se interese en la ética de la "buena vida", habrá quienes busquen a Epicteto y a Marco
Aurelio; mientras haya quien ame la belleza, habrá quien escudriñe los estatutos de Praxíteles. Las cosas no se descartan simplemente por ser antiguas. Muchos productos de la antigüedad se encuentran entre las más valiosas posesiones de la humanidad. No obstante, no hay libro que
pretenda tener la autoridad absoluta que la Biblia reclama para sí; ningún otro libro declara, como la Biblia, que no hay nada más que agregarle, corno lo afirma la Confesión de Fe de Westminster.


¿Qué de especial, pues, tiene este libro?

1. La Biblia posee tal belleza intrínseca que, al margen de otras cosas, tan sólo eso la convierte en una obra inmortal de la literatura. Con sólo repasar unas breves líneas siente uno que se le encoge el corazón ante el encanto de su palabras:

Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre todos los bienes de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarían (Cantares 8: 7).

Saúl y Jonatán, amados y queridos; inseparables en su vida, tampoco en su muerte fueron separados (II S. 1:23).

¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío, Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío! (II S. 18:33).

Consolaos , consolaos, pueblo mío, dice vuestro Dios. Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado (Is.40: 1-2).

Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno; porque el cordero que está en medio del trono los pastoreará, y los guiará a fuentes de aguas de vida; Dios enjugará toda lágrima de los ojos
de ellos (Ap. 7:16-17).

Sería fácil llenar la mitad de este libro con pasajes semejantes. Cada uno de nosotros tiene sus propios pasajes y versículos con su inescapable belleza, estampados indeleblemente en la memoria. Si sólo fuera cuestión de belleza, la Biblia tendría ya derechos indisputables a la grandeza.
Coleridge opinaba que el estudio constante de la Biblia libraría a todos de caer en la vulgaridad de estilo. No importa cual sea la fe que uno profese
o no profese, nadie puede pretender haber adquirido una sólida educación hasta haber leído este monumento literario.

Longino, retórico griego, escribió una de las obras cumbres de crítica literaria, titulada De lo Sublime. Para Longino, la suprema cualidad del escritor era la sublimidad. Una moneda que cae al suelo deja escapar un tintineo, que denuncia la calidad de su aleación metálica; Longino expresó de manera inimitable que lo sublime es el retintín del alma. Todavía el
mundo no ha encontrado otro libro que posea la sublime calidad de la Biblia.

Ciertamente la Biblia es acreedora a la grandeza por su belleza indiscutible. Pero, en cierto sentido al menos, esto catalogaría a la Biblia como un lujo y no como una de las necesidades esenciales de la vida. Así que para explicarnos la singularidad que la Biblia reclama tener, necesitarnos ir más
allá de la belleza.

2. La Biblia es indispensable como texto de historia. Su trasfondo son los movimientos históricos de los grandes imperios del Oriente Medio: Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma. Sin la Biblia la historia del mesoriente carecería de importantes datos.

Cierto, la historia para los judíos no corresponde al concepto que de ella tiene el historiador profesional. En la historia bíblica se mide la estatura de los personajes por la obediencia o desobediencia a Dios. Por ejemplo, del rey Asa se dice que a los ojos de Jehová "hizo lo recto" (I Rey 15:11), Y del rey Joram que "hizo lo malo" (II Rey 3:2). A Omri de Samaria se le dedica
sólo unas cuantas líneas, para decir que hizo lo malo ante los ojos de Jehová (I Rey 16:25-28) ; sin embargo, la historia secular ve a Omri como uno de los reyes más destacados, políticamente hablando. El historiador bíblico dedica más tiempo a hablarnos de Elías y Eliseo que al trasfondo de los acontecimientos de impacto mundial. A las maniobras del rey Acab para apoderarse de la viña de Nabot se le dedica todo un capitulo (I Rey 21). Todo esto es cierto, pero sin los historiadores y profetas del Antiguo Testamento nuestro conocimiento histórico del Oriente Medio quedaría incompleto. Corno texto de la historia la Biblia ocupa un lugar prominente

Pero hay que repetir que esto no basta. La Biblia no se ocupa sólo del tiempo, sino también de la eternidad. Así que debemos ir más allá para ver en qué reside su singularidad.

3. Desde el punto de vista lingüístico, la Biblia tiene primordial importancia. Constituye el monumento supremo del hebreo clásico; allí se encuentra toda su primitiva literatura nacional, y toda la literatura hebraica. Todavía más importante desde el punto de vista lingüístico, es que el Nuevo Testamento viene a ser el único ejemplar escrito en el
griego popular que se habló durante el primer siglo. Tocaremos el tema más adelante, pero brevemente adelantaremos algunos detalles.

Cuando Alejandro Magno conquistó el mundo antiguo, llevó consigo la lengua griega que, obviamente, no podía ser el griego clásico de la Edad de
Oro. Se trataba de un dialecto simplificado llamado Koiné, o sea el griego común, que normalmente no tendría cabida en la literatura helénica. El único caso existente del Koiné escrito es el Nuevo Testamento. Los lingüistas griegos han llegado a afirmar que, si el Nuevo Testamento llegara, por alguna razón, a perder su valor religioso, seguiría no obstante siendo una de las obras más importantes de la lingüística universal. Esto, nuevamente, es insuficiente. Aunque haya un libro que sea el paraíso de los lingüistas, eso no garantiza que sirva de entrada a un paraíso superior.

IV. La Biblia es indispensable como tesoro de sabiduría ética. La antigüedad contaba con un género literario denominado Literatura Sapiencial. Se trataba de sabiduría práctica, capaz de enseñar al hombre a triunfar en la vida honestamente. El libro de Proverbios es el ejemplo perfecto:dondequiera que uno lea, encuentra orientación práctica para
la vida, escrita en estilo vivaz e inolvidable.

No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere. Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría, y que obtiene la inteligencia; porque su ganancia es mejor que la ganancia de la plata, y sus frutos más que eloro fino. Más preciosa es que las piedras preciosas;
y todo lo que puedas desear, no se puede comparar a ella. Largura de días está en su mano derecha; en su izquierda riquezas y honra. Sus caminos son caminos deleitosos, y todas su veredas paz (Pr. 3: 11-17).

Vé a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio;
la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el
verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento.
Perezoso, ¿hasta cuándo has de dormir? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de sueño, un poco de dormitar, y cruzar por un poco las manos para reposo; así vendrá tu necesidad como caminante.
y tu pobreza como hombre armado (Pr . 6:6-11).


Difícilmente errará el camino quien oriente su vida con los proverbios.

En cuanto al Nuevo Testamento, Pablo siempre termina sus cartas ofreciendo consejos sumamente prácticos, y hasta los no cristianos suelen decir que, si aceptáramos y practicáramos las enseñanzas del Sermón del Monte, tendríamos al cielo en la tierra.

No hay duda de que la Biblia constituye una guía incomparable a una vida mejor, y una mina inagotable de buenos consejos. Desgraciadamente, la vida nos enseña que los buenos consejos por sí mismos a nadie mejoran. Si así fuera, hace mucho que fuéramos perfectos. Si queremos descubrir el carácter único de la Biblia, no debemos conformarnos con la afirmación de que la Biblia es una fuente incomparable para enseñarnos a bien vivir.

5. Nos acercamos más a la cuestión medular cuando afirmamos que la Biblia es un libro excepcionalmente eficaz. A. M. Chirgwin incluyó en su libro The Bible in Motiern Evangelism (La Biblia en la evangelización actual), un capítulo al que tituló "Logros", del que extraernos los siguientes casos

"En el Brasil vivía un señor Antonio de Minas, a quien un amigo suyo venía importunando para que comprara una Biblia. Por fin la compró, pero allí mismo juró que la quemaría tan pronto llegara a su casa. En la casa el fuego estaba apagado; pero en su afán de quemar la Biblia volvió a
prenderlo. Antes de echar la Biblia al fuego, la abrió para facilitar la combustión. Por un momento quedó abierta... en el Sermón del Monte. Su mirada se detuvo allí. Las palabras tenían algo magnético. Perdió la noción del tiempo, y leyó y leyó durante toda la noche. Amanecía cuando, puesto en pie, declaró: "Creo".

"Un pandillero neoyorquino acababa de salir de la cárcel y se encaminaba a reunirse con su antigua pandilla para planear un atraco. Al llegar a la Quinta Avenida aprovechó la oportunidad para "bolsear" a un transeúnte. Se escurrió hasta el Parque Central para examinar el botín y, para su
desencanto, se encontró con ser un flamante poseedor de un Nuevo Testamento. Como le quedaba tiempo libre, comenzó a leerlo despreocupadamente: pero pronto lo absorbió la lectura. Horas después compareció ante sus compinches, les contó lo que acababa de leer, y allí mismo rompió con ellos y con su pasado criminal".

"Un colportor atravesaba a medianoche un bosque siciliano cuando fue asaltado, pistola en mano, por un facineroso. El asaltante le ordenó prender una fogata y quemar los libros que llevaba. El vendedor de Biblias pidió permiso para leer en alta voz fragmentos de los libros antes de quemarlos.
Comenzó con el Salmo 23, siguió con la historia del Buen Samaritano, y luego con el Sermón del Monte. De otra Biblia leyó el himno del amor. En cada caso el bandolero comentaba: "Este es un buen libro: no lo quemaremos. Dámelo". Finalmente, no se quemó un solo libro, aunque el salteador se los llevó todos. Años después, ambos volvieron a encontrarse. El ex salteador de caminos era ahora un ministro de Jesucristo.
"Gracias a tus libros", le dijo al colportor"

Esta es una muestra mínima de lo que la Biblia puede hacer. Aquí tenemos un libro poderoso, operante, eficaz y dinámico. Este dato nos acerca más a su secreto. Si un libro opera cambios así, entonces puede calificársele con toda justicia como único.

6. Aquí !legamos al meollo de la cuestión; al porqué de que este libro antiguo siga siendo siempre pertinente y poderoso. La Biblia es casi lo único inmutable. Las leyes y las costumbres cambian, y en cierta medida cambia también la moral. Por ejemplo, en las primeras páginas del Antiguo Testamento no aparece objeción alguna a la poligamia patriarcal. En parte la religión misma cambia también. Por ejemplo, la religión judía se basaba en los sacrificios sangrientos, pero eso ya no forma parte de nuestra religión. Lo único invariable son las relaciones personales. Mientras la gente siga siendo gente, las relaciones personales seguirán siendo las mismas. El amor y el odio, la lealtad y la traición, la amistad y la enemistad permanecen siempre.

De esto es de lo que trata la Biblia: de las relaciones entre hombre y hombre, entre hombre y mujer pero, sobre todo, entre el hombre y Dios, y entre Dios y el hombre. Por eso la Biblia resulta antigua y moderna al mismo tiempo. Veamos un ejemplo, sencillo y encantador: Jacob tuvo que servir siete años para que Labán le permitiera casarse con su hija. "Así
sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron pocos días, porque la amaba" (Gn. 29:20). Historias y situaciones comoestas jamás pasarán de moda, mientras haya hombres y mujeres.

La Biblia permanece siempre nueva porque no se enfoca sólo en leyes, reglas y reglamentos, sino principalmente en hombres y mujeres, y en sus relaciones mutuas y en sus relaciones con Dios. La Biblia es el libro del amor de los unos por los otros. y del amor por Dios lo cual es eterno.

7. Esto nos lleva a la última y suprema razón que hace de la Biblia un libro único y siempre indispensable. A esta razón tendremos oportunidad de volver repetidamente Sólo en la Biblia podemos encontrar a Jesucristo. Virtualmente, no existe otra fuente de información sobre la vida, palabras y
enseñanzas de Jesús. Sin la Biblia sólo contaríamos con recursos vagos y opiniones abstractas.

Lo cual está íntimamente relacionado con nuestro punto anterior. Sólo en Cristo y a través de Cristo, las relaciones con nuestros semejantes son relaciones de amor. Sólo en él y por medio de él podemos tener relación con Dios. Con ser tan antigua, la Biblia es siempre aplicable porque trata
de las inmutables relaciones personales entre los hombres, entre el hombre y la mujer, y entre los hombres y Dios. Resulta siempre indispensable porque en ella encontrarnos el retrato de la única persona en el cielo y en la tierra en quien dichas relaciones alcanzan su perfección.

8. Concluiremos con algo expresado por la Confesión de Fe de Westminster, con la cual comenzamos. Después de que la confesión ha dejado establecido que la Biblia contiene todo lo necesario para nuestra salvación, añade: "Sin embargo nuestra persuasión y completa convicción de que su verdad es infalible y su autoridad divina, provienen de la obra interior del Espíritu Santo quien da testimonio a nuestro corazón con la palabra divina y por medio de ella" . Y agrega: "Reconocemos que es necesaria la iluminación interna del Espíritu de Dios para la comprensión salvífica de todo lo que se revela en su palabra"

La doctrina de los judíos sobre el Espíritu era muy sencilla pero lo abarcaba todo. Para ellos el Espíritu tenía dos funciones: revelar la verdad de Dios a los seres humanos y capacitarlos para reconocer esa verdad. Así que, para
entender y apropiarse totalmente del significado de la palabra de Días, los hombres necesitan que el Espíritu habite en su corazón Esto significa simplemente que la lectura bíblica debe ir siempre unida a la oración. Bien haremos en acercarnos a la Biblia con la oración de George Adam Smith en los labios:

"Dios todopoderoso y misericordioso, que has dado la Biblia como revelación de tu gran amor a los hombres, y de tu gran poder y voluntad de salvarnos. Concédenos que su estudio no sea en vano a causa de la dureza y despreocupación de nuestro corazón, sino que por medio de ella seamos confirmados en el arrepentimiento, animados en la esperanza, fortalecidos para el servicio, y saturados con el verdadero conocimiento de tu hijo Jesucristo. Esto te lo pedirnos confiados en tu amor. Amén".

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